REPRODUCTOR MUSICA

sábado, 18 de junio de 2011

Obsesión mortal

Al sacarle los ojos las gotas de sangre tiñeron sus dedos de un tono rojizo y pegajoso. Fantasía y realidad confundidas en su mente, mezcladas como una espiral infinita de cadenas enredadas. Tomó una fresa del plato y la partió en dos con el mismo cuchillo con el que le había cortado el cuello, y al cogerla con sus dedos sangrientos la endulzó con un sirope malvado de muerte y tragedia. Mientras saboreaba el amargo dulzor de la exótica fruta dirigió sus ojos fríos hacia el cuerpo inerte. Ella estaba en el suelo, con las cuencas vacías y la boca entreabierta, su cuello derramaba aún aquel líquido espeso que enmarcaba su cabeza como una almohada. La tenue luz era el complemento perfecto para aquella escena macabra, pero al mirarla él sintió que no era suficiente. Ella seguía siendo demasiado bella. Ya la había desprovisto de aquellos ojos condenadamente profundos que habían sido como un imán para él. Allí estaban aún, desordenados junto a ella, y  aún parecían mirarlo burlones...

La risita que se le escapó sonó como un preludio a algo horrible... tomó uno de los ojos casi con desprecio y lo observó fijamente. Mirando al interior de aquella pupila huera de vida, y sin apartar la vista dirigió un insulto hacia ellos: "Maldita puta". Con los dos ojos en la mano, se dirigió al aseo y los arrojó al interior del inodoro. A partir de ahora esos ojos sólo verían residuos, putrefacción... la misma basura que ella había sido.


Volvió al cuarto de estar y paseando delante de ella le

hizo una pregunta: "¿Y ahora, soy lo suficientemente bueno para ti?" Con la mano limpia se acarició las cicatrices del rostro quemado y desfigurado. Ya no le rechazaría más. Manoseó el cuerpo aún tibio y susurró en su oído: "Ven aquí, preciosa, voy a enseñarte lo que es un hombre de verdad..."

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