Te miro desde lejos, desde dentro, desde donde estás y sólo yo te tengo. Aquí nada te acecha, te protejo en la burbuja del recuerdo desmembrado en retales que a veces me arropan y otras me dejan desnuda e indefensa.
Te quiero aún desde aquí, y aunque el tiempo suceda, mirando hacia ninguna parte pero viéndote a menudo en los rincones.
No quiero aprender a vivirte en pasado. Simplemente el pasado no es suficiente. Impregno mi ser con aquello que fuiste para que persistas y, todavía conmigo, seas.
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