Este papel se llenó de palabras justo después de que la esperanza se volviera un recipiente vacío, un terreno árido y desnudo, justo después de ver en los ojos del destino la promesa de la nada, en el momento exacto en el que del terreno nació un pequeño brote debilucho y frágil. Estas palabras no son más que el fruto de un dudoso renacimiento, pendiente de un hilo, a ratos moribundo. Y como este mal llamado fruto está herido casi de muerte, agujereado como aquel barco que hizo aguas tras chocar con el iceberg, de vez en cuando se asoma por él un gusano hambriento cuya misión es, únicamente, devorar sin piedad cualquier sano y jugoso trocito del antiguamente lozano fruto.
Y ya que me puse a escribir, aprovecho para dar mi más sentido pésame a todos aquellos que jamás perdieron, pues nunca sabrán apreciar el valor de lo logrado. Yo fui pequeña y sencilla, desapercibida y valiente, secretamente consciente, y mientras me consumía en la cárcel de opiniones ajenas fui libre de ser en mi mundo infinito. Un día, además, me volví valiente y quise volver real mi mundo imaginario. El dolor vivió entonces su momento glorioso, se mostró ante mí con toda su extraña belleza, con su implacable certeza y yo me abracé a él, aceptándolo como parte de mi, pues en él y no en el efímero esplendor de la despreocupada sonrisa se hallaba la posibilidad de la grandeza futura. Me forjé cual herradura artesanal. Y ahora me pregunto si tanto esfuerzo tuvo alguna vez sentido...
Es fácil dar consejos desde la seguridad de la distancia, donde nada es tuyo y nada duele. Todos miramos con cierto aire de superioridad ante la banalidad de los problemas ajenos. Nadie es enteramente parte de ti mismo. Ni el mejor de los oradores es capaz de llevar la empatía a su máxima representación. Quizá porque lees y te identificas crees que me comprendes, que te comprendo, que no estamos solos, y ahora me toca a mi lucir esa mirada de superioridad para decirte que eso no es más que una estúpida ilusión de tu propio mundo imaginario, ese en el que llevas viviendo desde niño y que eres demasiado cobarde para mostrar abiertamente a los demás. Ahora sonríe, justo así, con ese aire de superioridad del que hablábamos antes, resopla con cierto desprecio, si gustas. Yo sé que tus ojos están luchando por contener las lágrimas pero puedes estar tranquilo: yo no se lo diré a nadie. Ahora haz click en cerrar página y vete de mi mundo de la misma manera en la que has entrado: refugiado detrás de un montón de pixeles. Vuelve a tu mundo repleto de cobardes.
REPRODUCTOR MUSICA
miércoles, 6 de marzo de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Cumpleaños feliz...
Feliz cumpleaños... dicen... Como si por el hecho de serlo el mundo confabulara a tu favor... Mentiras. Feliz cumpleaños era aquel que celebraba con dos coletas coronadas con un lazo rojo, cuando al abrir los regalos un cuerpo de plástico y diminutos vestidos de tela significaban un abrazo... ¡Felices cumpleaños eran aquellos en los que soplar las velas era motivo para sentirse especial!
A medida que los años pasan comienzas a querer sostener el mundo sobre tu espalda, cada vez más, y más... y aunque a menudo sientas que las energías se agotan, sin saber de dónde, aparecen nuevos brazos para sostener más peso. Felicidades... dicen... Y la mayor parte de los que lo dicen lo saben... No existen...
Me desperté hoy, igual que ayer. Mi alrededor vacío y el corazón doliente. ¿Feliz cumpleaños? El lametazo de un perro me abrazó y yo le devolví el abrazo más auténtico que he sentido nunca. Él se entregó a mi abrazo, con una resignación gustosa, con entrega absoluta algo turbia por la fuerza de la costumbre. A ti soy capaz de perdonarte el rechazo... pues conozco tu forma distinta de entender el mundo, de ver lo que ves y sentir lo que sientes. Aún así, te agradezco el abrazo. Tú lo dijiste en serio: Feliz cumpleaños. No sabes que no existe...
El cielo amaneció de carbón y, sin saber por qué, quiso ponerse poco a poco azul pastel... y así lo hizo. Mirándolo me pregunto ¿cuándo? Y cuando creí que el timbre del teléfono me respondía... sólo era otra felicitación de cumpleaños... y otra más... No importa, lleguemos a veinte. No las desprecio, las agradezco con todo el corazón... pero cuando se instala la consciencia ya no puedes correr el velo y volver a la fantasía, a la ilusión... Me arropan con sus felicitaciones, y yo sonrío y les deseo abrazos dados con todo mi corazón, pero mientras un puñal de dolor me lo atraviesa como torturado por una dominatrix...
Me miro al espejo... Aquellos ojos vivarachos, luminosos e inocentes están turbios, como el agua contaminada por los desarrollos de la edad contemporánea, parecen lucir con resignación un velo oscuro de experiencia... En sus comisuras, como incipientes lágrimas, están apareciendo las primeras huellas del tiempo. Ese nuevo cabello que hace unos días se volvió color de nieve me acaricia la cara recordándome que estoy a merced del tiempo. ¿Quién refleja esa imagen? La niña de las coletas rojas se ha marchado para siempre.
Allá donde estés, pequeña, a la que nunca supe cuidar como debiera.... Feliz cumpleaños.
Perdóname por convertirte en mi.
A medida que los años pasan comienzas a querer sostener el mundo sobre tu espalda, cada vez más, y más... y aunque a menudo sientas que las energías se agotan, sin saber de dónde, aparecen nuevos brazos para sostener más peso. Felicidades... dicen... Y la mayor parte de los que lo dicen lo saben... No existen...
Me desperté hoy, igual que ayer. Mi alrededor vacío y el corazón doliente. ¿Feliz cumpleaños? El lametazo de un perro me abrazó y yo le devolví el abrazo más auténtico que he sentido nunca. Él se entregó a mi abrazo, con una resignación gustosa, con entrega absoluta algo turbia por la fuerza de la costumbre. A ti soy capaz de perdonarte el rechazo... pues conozco tu forma distinta de entender el mundo, de ver lo que ves y sentir lo que sientes. Aún así, te agradezco el abrazo. Tú lo dijiste en serio: Feliz cumpleaños. No sabes que no existe...
El cielo amaneció de carbón y, sin saber por qué, quiso ponerse poco a poco azul pastel... y así lo hizo. Mirándolo me pregunto ¿cuándo? Y cuando creí que el timbre del teléfono me respondía... sólo era otra felicitación de cumpleaños... y otra más... No importa, lleguemos a veinte. No las desprecio, las agradezco con todo el corazón... pero cuando se instala la consciencia ya no puedes correr el velo y volver a la fantasía, a la ilusión... Me arropan con sus felicitaciones, y yo sonrío y les deseo abrazos dados con todo mi corazón, pero mientras un puñal de dolor me lo atraviesa como torturado por una dominatrix...
Me miro al espejo... Aquellos ojos vivarachos, luminosos e inocentes están turbios, como el agua contaminada por los desarrollos de la edad contemporánea, parecen lucir con resignación un velo oscuro de experiencia... En sus comisuras, como incipientes lágrimas, están apareciendo las primeras huellas del tiempo. Ese nuevo cabello que hace unos días se volvió color de nieve me acaricia la cara recordándome que estoy a merced del tiempo. ¿Quién refleja esa imagen? La niña de las coletas rojas se ha marchado para siempre.
Allá donde estés, pequeña, a la que nunca supe cuidar como debiera.... Feliz cumpleaños.
Perdóname por convertirte en mi.
martes, 12 de febrero de 2013
Estuve un día...
Hoy estuve... mañana no lo sé.
Estuve pero nadie me veía,
aunque nadie me escuchaba...
Mis manos buscaban
pero nada conseguían...
Nadie secó las lágrimas
que por mi interior corrían.
Hoy estuve con los labios cerrados
y el ansia despierta,
se secó el río que quiso ahogarme,
me quedé seca, y vacía.
Me buscarás, y lo harás desde abajo.
Hoy, que estuve, no me miraste...
mañana querrás verme y no estaré.
Así que
ven
aún no es tarde...
hoy que estoy
¡Abrázame!
-Yesenia Pineda-
domingo, 13 de enero de 2013
Sótano
Su sonrisa esperó, paciente, a que llegara la noche y se abriese la
puerta. Después, un portazo tímido sería el telonero de un repiqueteo
sordo de pasos. "Buenas noches", díría, y le responderían de la misma manera. "¿Qué has hecho hoy?" Y el secreto le anudó la garganta, como una soga trenzada por las manos rudas de un campesino anciano. "Nada, aquí", contestaría, mirando al suelo. "¿Y tú?", preguntaría presurosa para intentar ocultar su nerviosismo. "Pues yo te estuve llamando todo el día y no contestó nadie. Aquí no estabas". Con ojos impregnados de amenaza la haría buscar una explicación, y ella balbuceando diría cualquier cosa inventada, encontraría una historia imperfecta para crear una excusa inútil. Él se acercaría lentamente, transformándose a cada paso en un gigante imbatible, y mientras él crecía ella se hacía pequeña, cada vez más y más, queriendo encoger hasta alcanzar el tamaño de un átomo diminuto y escapar corriendo hasta un lugar donde nunca pudiera encontrarla. Sentiría la primera punzada de dolor con los ojos cerrados, y después todo sería como las imágenes de una antigua película en blanco y negro, de las de cine mudo, donde la historia sucedía a trompicones.
El miedo la despertó y recordó entonces que ya no volvería a pasar. Aquel día él había llegado y, tras las respuestas que él había considerado inaceptables, había actuado tal como ella esperaba, pero ella le sorprendió... Lo tenía allí abajo, encerrado entre los muros del sótano del pasado. Sonrió y susurró: "Buenas noches".
El miedo la despertó y recordó entonces que ya no volvería a pasar. Aquel día él había llegado y, tras las respuestas que él había considerado inaceptables, había actuado tal como ella esperaba, pero ella le sorprendió... Lo tenía allí abajo, encerrado entre los muros del sótano del pasado. Sonrió y susurró: "Buenas noches".
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Soñar contigo
Anoche, mientras paseaba por la realidad nublada de los sueños, me encontré contigo. De repente todo se volvió verde y tus ojos grandes eran el "gran hermano" que me miraba, con el ceño fruncido, mientras yo me esforzaba por agradarte. Fue entonces cuando te vi desde lejos y el viento agitó un poco tu cabello indomable: te reconocí, aunque ya sabía que eras tú.
Me besaste con tu boca rojiza (quizá sólo parece más roja por lo pálido de tu rostro), y sentí que tus incisivos habían atrapado mi labio inferior, quizá queriendo decirme que no me marchase. Sin embargo me separé de tus labios casi con pereza, volviendo a dedicarte una mirada, perdiéndome en tus ojos grandes por un segundo infinito, y cerré los ojos mientras te sonreía. Cuando volví a abrirlos ya había despertado. Jamás volveré a soñar contigo.
- Yesenia Pineda -
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| Fotografía: Yesenia Pineda. |
No sé por qué, aunque estaba mal, quise acercarme demasiado. Tú abriste los brazos un poco, sólo lo justo para que nadie me viera, y luego te apartaste rápidamente hasta quedarte muy lejos, tanto que parecías muy pequeño, y yo te seguí. Buscaba una explicación, una respuesta, un perdón apasionado y tierno, así que me miraste a los ojos con tus ojos grandes y yo paseé por ellos como por el jardín de mi casa, tranquila, respirando profundamente para que el olor de la lluvia y el verde de la naturaleza penetre en mis pulmones y me llene de vida.
- Yesenia Pineda -
martes, 6 de noviembre de 2012
Mar adentro
Aquello que sucedió en aquel momento
no tendrá otro olvido más que el tuyo.
El mar se fue llevando, como arena,
aquellos días sombríos,
momentos que eran mojados por sus aguas.
Hoy ya se perdieron, mar adentro.
por aquellos, tus pies descalzos.
"Marcharon a otras aguas, caminando,
aguas que algún día también borrarán sus pasos".
- Yesenia Pineda-
viernes, 2 de noviembre de 2012
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