REPRODUCTOR MUSICA

martes, 16 de julio de 2013

Impronta

No me importa compartir contigo el aire, que mis pulmones respiren tu dióxido de carbono y me contaminen. No deseo otra cosa que llenarme de lo que tú prescindas para conservarte eternamente formando parte de mi. Son los secretos de tu silencio los que me han hablado tantas veces que reconozco tu voz en tu mirada cuando tus ojos, casi ciegos, me miran en sencilla y genuina adoración. El tiempo se detiene, mi ser se transforma en una pueril e inocente copia de mí misma y te devuelvo el amor en su esencia más intacta.

Es junto a tu cuerpo tibio, mientras tu avanzada calvicie, tu delgadez y tu ahora constante sopor son el recuerdo de tu entrega al cuidarme incluso cuando se acerca tu partida, donde todo desaparece. Tú y yo, solos, en nuestra burbuja, donde no permitiré que entre nadie más. Tú y yo, para siempre, aunque te vayas y mi sangre busque tu dióxido de carbono con la misma ansiedad que busca el oxígeno. Tú y yo, porque tu compañía sencilla fue paño de lágrimas, frío en la fiebre, sonrisa que comenzó en tus labios y continuó en los míos. Tú y yo eternamente en el pasado y el presente, donde no permitiré que te vayas. 

Mírame siempre, serás tu quien ves que sigo agarrándome con fuerza a tu desordenada melena. Te conservare en mi ADN y nadie, jamás, podrá sacarte de mi. Eres parte de mi. Me río de la muerte... Esa ilusa pretende separarnos sin percatarse de que sólo podrá llevarse tu cuerpo agotado. Tu siempre  estarás vivo en mi porque te quiero. Para siempre.
GINO
20-12-2000 a 08-10-2013
"Nos vemos pronto, amigo"

viernes, 17 de mayo de 2013

Perdón

Tan perfecta y tan maldita. Jamás entenderé tus silencios. No sabré comprender tus incongruencias. Su nombre es Mentira. Podrías darme el sol, pero siempre en sombra. Podrías entregarme el arco iris, pero siempre en blanco y negro. Podrías sacrificar tu alma y entregarla en el infierno y yo no ganaría ni un "gracias" porque ya es suya.

¿Cuántas lágrimas tiene un silencio? Muchas, pero siempre menos que una máscara repulsiva de beldad falsa. Charlatán. Tú siempre serás un proyecto, un gran hombre en potencia y un aviso de alerta en el acto. Del por qué creo que nunca sabré, pero válgate saber que aunque quisieras ya no llegarías. Fuiste tanto con tan poco entregado que se te quedó corta la vida.

Yo me miro. ¿Qué has hecho conmigo? Sentir tus pasos en mi espalda torturan el sacrificio al que me obligo. Mis aprendizajes más que repetidos se intentan abrir camino con rabia luchando contra tu hegemonía. Hoy Napoleón ganará mil batallas, pero su mano abrazará siempre con furia su estómago doliente, agonizante.

Llora, por favor. Por una vez en tu vida, de verdad, dejando que tu alma rompa a gritos. Llora. Sólo entonces te perdono.

lunes, 13 de mayo de 2013

Dos personas.

Dicen que tarde o temprano cada cual tiene lo que se merece, aquello que equilibra la balanza de lo bueno y lo malo que ha hecho en la vida. Dicen que hay que tratar con respeto, que si eres justo, si valoras a los demás tanto como a ti y les cuidas tanto como a ti mismo nadie tendrá motivos para hacerte ningún mal. Dicen que cuando eres intachable en lo moral nada turbará tu conciencia y la felicidad llegará tarde o temprano. Dicen que si eres bueno irás al cielo. ¿No será que aquel que vive un infierno en la tierra cuando muere va al cielo ya que por fin descansa?

El incesante vaivén de la vida nos empuja de un lado a otro, casi como si fuésemos en un barco que navega bajo la más cruel tempestad, tanto que sentimos que no importa qué y cuando lo hagamos, pues todo se escapa a nuestro control y elige su propio camino, nos vemos obligados a tomar la única decisión que nos queda como opción. Nuestra vida deja de ser elección nuestra.

Es curioso cómo la crueldad, el egoísmo, la mentira y la maldad triunfan mientras que la bondad es humillada, sufre abusos y llora de ese dolor nacido de la injusticia que nada ni nadie puede ya curar. Es la sensación de que la bondad no vale la pena, de la esperanza perdida. El mundo no es hermoso, está cubierto de crueles sonrientes y buenos dolientes.

De vez en cuando la vida te sorprende y encuentras una bondad que te comprende. Rara vez es comprensión completa, pero cuando ocurre es lo más maravilloso que pueda sucederte... durante unos segundos. La extrema comprensión, el completo entendimiento, estar en el mismo barco sólo te aporta alguien a quien agarrarte y con quién llorar mientras el barco se hunde.

Miradas desesperadas que gritan: ¿por qué? Miradas tristes que se aseveran: no podemos arreglarlo. Quizá algo de prepotencia al pensar que si todos estuvieran en nuestro mismo barco el mundo sería un lugar mejor, que entre todos lograríamos salvarlo de la tempestad y llevarlo a aguas mansas, cielos azules e islas paradisíacas. Conversaciones sobre sueños irrealizables y mundos ideales. Quizá todo una utopía inútil y algo infantil, pero al menos alguien no te preguntará por qué lloras cuando te vea llorar, sino que mezclará sus lágrimas con las tuyas.

Y la vida, en su infinita crueldad, vuelve a agitar el barco, llevándose la comprensión a un universo lejano de donde parece que no volverá. Aquel viajero de tu barco marcha en una lancha de salvamento pues es la única decisión que le queda como opción. Tu barco se queda sólo, contigo al mando, y el mar bravío. Sin embargo hay algo que la vida no puede quitarte. A pesar de que la vida te enfrente a aquellos que algún día lloraron contigo cuando todo pasa, todo deja de importar... entonces ves que esa persona sigue ahí, llorando contigo. Y quizá parezca esto una historia de amor, y posiblemente en realidad lo sea: la historia de amor más auténtica de dos personas que no están enamoradas.

domingo, 12 de mayo de 2013

Un mundo de cristal.

Cuando llegó, con su máscara arco iris y sonrisa abierta, quiso fabricar el mundo con todo lo que salía de su boca. El aire se llenaba de fantasía y los oídos caían rendidos ante los pies de la máscara. Hablando no decía nada, sólo conseguía entretener a la muchedumbre contando historias inauditas, experiencias excepcionales. Pero la máscara sólo era una boca, y la cinta que la sujetaba precariamente no encontraba sujección, pues orejas no tenía. Por eso nadie era oído, sólo entretenido.

Cuando el ajetreo de la vida fue agitando la cabeza de la máscara ésta caía, poco a poco pero inexorablemente, y no había mano capaz de arreglar el desastre inminente. El arco iris se estaba transformando en agujero negro que succionaba y destruía todo a su paso. El agujero negro se hacía cada vez más grande, ocupando cada vez más el espacio, invadiendo los espacios ajenos y corrompiendo, destruyendo... y exigiendo más.

Nada es suficiente. El agujero negro siempre tenía hambre. Más, y más, dejando al mundo sin nadie más que su existencia negra. Un día quiso comer y no encontró absolutamente nada, únicamente a sí mismo. En su infinito egoísmo, en su infinita ambición, había devorado todo y a todos los que le rodeaban. Sólo le quedaba una opción: devorarse a sí mismo.

Y la pena lo consumió volviéndolo pequeño, imperceptible... y negro... irremediablemente negro.

- Yesenia Pineda -

miércoles, 6 de marzo de 2013

Aquellos que lloran

Este papel se llenó de palabras justo después de que la esperanza se volviera un recipiente vacío, un terreno árido y desnudo, justo después de ver en los ojos del destino la promesa de la nada, en el momento exacto en el que del terreno nació un pequeño brote debilucho y frágil. Estas palabras no son más que el fruto de un dudoso renacimiento, pendiente de un hilo, a ratos moribundo. Y como este mal llamado fruto está herido casi de muerte, agujereado como aquel barco que hizo aguas tras chocar con el iceberg, de vez en cuando se asoma por él un gusano hambriento cuya misión es, únicamente, devorar sin piedad cualquier sano y jugoso trocito del antiguamente lozano fruto.

Y ya que me puse a escribir, aprovecho para dar mi más sentido pésame a todos aquellos que jamás perdieron, pues nunca sabrán apreciar el valor de lo logrado. Yo fui pequeña y sencilla, desapercibida y valiente, secretamente consciente, y mientras me consumía en la cárcel de opiniones ajenas fui libre de ser en mi mundo infinito. Un día, además, me volví valiente y quise volver real mi mundo imaginario. El dolor vivió entonces su momento glorioso, se mostró ante mí con toda su extraña belleza, con su implacable certeza y yo me abracé a él, aceptándolo como parte de mi, pues en él y no en el efímero esplendor de la despreocupada sonrisa se hallaba la posibilidad de la grandeza futura. Me forjé cual herradura artesanal. Y ahora me pregunto si tanto esfuerzo tuvo alguna vez sentido...

Es fácil dar consejos desde la seguridad de la distancia, donde nada es tuyo y nada duele. Todos miramos con cierto aire de superioridad ante la banalidad de los problemas ajenos. Nadie es enteramente parte de ti mismo. Ni el mejor de los oradores es capaz de llevar la empatía a su máxima representación. Quizá porque lees y te identificas crees que me comprendes, que te comprendo, que no estamos solos, y ahora me toca a mi lucir esa mirada de superioridad para decirte que eso no es más que una estúpida ilusión de tu propio mundo imaginario, ese en el que llevas viviendo desde niño y que eres demasiado cobarde para mostrar abiertamente a los demás. Ahora sonríe, justo así, con ese aire de superioridad del que hablábamos antes, resopla con cierto desprecio, si gustas. Yo sé que tus ojos están luchando por contener las lágrimas pero puedes estar tranquilo: yo no se lo diré a nadie. Ahora haz click en cerrar página y vete de mi mundo de la misma manera en la que has entrado: refugiado detrás de un montón de pixeles. Vuelve a tu mundo repleto de cobardes.

lunes, 18 de febrero de 2013

Cumpleaños feliz...

Feliz cumpleaños... dicen... Como si por el hecho de serlo el mundo confabulara a tu favor... Mentiras. Feliz cumpleaños era aquel que celebraba con dos coletas coronadas con un lazo rojo, cuando al abrir los regalos un cuerpo de plástico y diminutos vestidos de tela significaban un abrazo... ¡Felices cumpleaños eran aquellos en los que soplar las velas era motivo para sentirse especial!

A medida que los años pasan comienzas a querer sostener el mundo sobre tu espalda, cada vez más, y más... y aunque a menudo sientas que las energías se agotan, sin saber de dónde, aparecen nuevos brazos para sostener más peso. Felicidades... dicen... Y la mayor parte de los que lo dicen lo saben... No existen...

Me desperté hoy, igual que ayer. Mi alrededor vacío y el corazón doliente. ¿Feliz cumpleaños? El lametazo de un perro me abrazó y yo le devolví el abrazo más auténtico que he sentido nunca. Él se entregó a mi abrazo, con una resignación gustosa, con entrega absoluta algo turbia por la fuerza de la costumbre. A ti soy capaz de perdonarte el rechazo... pues conozco tu forma distinta de entender el mundo, de ver lo que ves y sentir lo que sientes. Aún así, te agradezco el abrazo. Tú lo dijiste en serio: Feliz cumpleaños. No sabes que no existe...

El cielo amaneció de carbón y, sin saber por qué, quiso ponerse poco a poco azul pastel... y así lo hizo. Mirándolo me pregunto ¿cuándo? Y cuando creí que el timbre del teléfono me respondía... sólo era otra felicitación de cumpleaños... y otra más... No importa, lleguemos a veinte. No las desprecio, las agradezco con todo el corazón... pero cuando se instala la consciencia ya no puedes correr el velo y volver a la fantasía, a la ilusión... Me arropan con sus felicitaciones, y yo sonrío y les deseo abrazos dados con todo mi corazón, pero mientras un puñal de dolor me lo atraviesa como torturado por una dominatrix...

Me miro al espejo... Aquellos ojos vivarachos, luminosos e inocentes están turbios, como el agua contaminada por los desarrollos de la edad contemporánea, parecen lucir con resignación un velo oscuro de experiencia... En sus comisuras, como incipientes lágrimas, están apareciendo las primeras huellas del tiempo. Ese nuevo cabello que hace unos días se volvió color de nieve me acaricia la cara recordándome que estoy a merced del tiempo. ¿Quién refleja esa imagen? La niña de las coletas rojas se ha marchado para siempre.

Allá donde estés, pequeña, a la que nunca supe cuidar como debiera.... Feliz cumpleaños.
Perdóname por convertirte en mi.

martes, 12 de febrero de 2013

Estuve un día...

Hoy estuve... mañana no lo sé.
Estuve pero nadie me veía,
aunque nadie me escuchaba...
Mis manos buscaban
pero nada conseguían...
Nadie secó las lágrimas
que por mi interior corrían.
Hoy estuve con los labios cerrados
y el ansia despierta,
se secó el río que quiso ahogarme,
me quedé seca, y vacía.
Me buscarás, y lo harás desde abajo.
Hoy, que estuve, no me miraste...
mañana querrás verme y no estaré.
Así que
ven
aún no es tarde...
hoy que estoy
¡Abrázame!
-Yesenia Pineda-