REPRODUCTOR MUSICA

lunes, 30 de diciembre de 2013

Déjame hacerte un informe sobre mi corazón

Déjame hacerte un informe sobre mi corazón:

Un médico diría que he muerto, que la línea es recta y el sonido es un desagradable "biiip" interminable. Un médico diría que mi corazón hace tiempo que no late, que ya está frío e inerte, que se endureció después de tanto tiempo fallecido. Diría que ya la reanimación es inútil, que no hay ya posibilidad alguna de que vuelva a funcionar como antaño. Un médico diría: "hora del éxitus...." y luego una fecha aleatoria... quizá cualquiera, y lo diría como cargando de tedio las palabras después de haberlas pronunciado en tantas ocasiones. Un médico experimentado cubriría mi rostro inmediatamente con una sábana blanca y desgastada después de haber cerrado mis ojos obligándome a realizar el último parpadeo. Un médico no perdería un segundo más por mi.

Y sin embargo, un médico estaría equivocado. Muy equivocado. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Ecos de silencio.

Sonará en mis entrañas un eco del pasado.
Aquel cobarde que fue la montaña dirá que ya era hora.
Pero ya sin besos, sin miradas, casi sin recuerdos...
La montaña sigue erguida creando eco de sonidos hermosos
y el eco muere sin dejar rastro.

Yesenia Pineda

jueves, 12 de diciembre de 2013

Te prometo...

Hola amigo! 
Te escribo para darte las gracias. Durante toda mi vida he sido una persona que siempre llevaba una sonrisa en la cara pero cualquier contratiempo, a menudo sin importancia, era suficiente para adentrarme en el pesimismo, en los pensamientos victimistas, en los por qués, en el repaso de todos mis contratiempos pasados como para recrearme en mi propia mala suerte. Te prometo, amigo, que eso jamás volverá a ser así. A partir de ahora aceptaré la vida con una sonrisa, con sus altos y sus bajos, sonreiré por cada pequeña cosa hermosa que pase ante mis ojos, ante cualquier recuerdo hermoso. Sonreiré porque ser feliz es una decisión. Eso no significa que no lucharé, ¡¡claro que no!! Significa que si no lo logro, aceptaré la derrota y entenderé que he ganado en experiencias, en conocimientos... Y sonreiré por lo aprendido.

Por eso te escribo, querido amigo, porque esta lección tan importante la aprendí de ti. Tu energía casi inagotable, tu lucha con la enfermedad con esas inconmesurables ganas de vivir, esa felicidad que no dejaste nunca escapar, tu valor al enfrentarte a ella así... como si nada, como si fuese algo tan simple como dar un sorbo de agua. Jamás pensaste en dejarte vencer, afrontaste cada día con toda la intensidad y no dejaste pasar una oportunidad de disfrutar la vida, y  en algunas ocasiones cuando todos pensaban que no podrías seguir adelante les demostraste que todo se puede cuando se quiere de verdad y que la enfermedad no decidiría por ti. Fuiste dueño de tu vida y también de tu muerte, un día decidiste que era el momento y dejaste que ocurriera, pero con esa grandeza de que no fue la muerte la que te venció, sino que tú decidiste dejarla llevarte porque ya habías vivido todo lo que querías vivir en este mundo. La dejaste que te llevara pero no le permitiste que ella decidiese cuándo, decidiste que no te marcharías sin despedirte primero, y esperaste a que me despertara para poder despedirnos. Querido amigo, tú con tu cuerpo pequeño y esa cabecita que tantos opinan que es de inteligencia inferior fuiste capaz de todo esto y yo no puedo ignorarlo, no tengo más remedio que admitir que tú has sabido VIVIR y has sabido MORIR, y yo quiero saber hacerlo como tú. Amigo mío, te prometo que esa enseñanza que ha sido tu vida la llevaré grabada a fuego, no sólo en mi piel sino también en mi mente, y cada día haré honor a ella, te prometo que te demostraré cuánto te he querido y te sigo queriendo haciendo lo más difícil: sonreír siempre, luchar siempre, no dejarme vencer nunca, como tú me has enseñado, y espero que cuando volvamos a vernos te sientas orgulloso de mi. 

Amado amigo, te doy las gracias por haberme enseñado a vivir. Nos vemos pronto. 
Te quiero siempre.
(A Gino)



(A Gino)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Y colorín colorado...

De repente te vi y entonces dudé de mis propias convicciones. Sentí la sangre detenerse una milésima de segundo interminable que, irónicamente, aceleró el tiempo. Me encontré saludándote como si nada, como si la bofetada de realidad no me hubiese hecho daño al golpearme en el rostro.

No llegué a fingir, obligué a mi mente a olvidar que podía pensar en algo más que lo diplomáticamente correcto, y gracias a la práctica viajé en avión por los minutos que duró esa charla, pero eso no evitó que por una vez quisiera beber de tu sonrisa. Luego me alejé, alegre, hacia el terreno seguro de mi solitaria reflexión y a la lógica de los por qué no. 

Sin querer se me coló un por qué, el gran por qué, y caí en la cuenta de que "había una vez" una mirada encontrada con la que lograste por primera vez detenerme la sangre. Pero esta vez no viviré ningún cuento.

Yesenia Pineda.

jueves, 3 de octubre de 2013

Si yo te sucediese plenamente...

Si yo te sucediese plenamente conocerías ese amor que te aplasta y te eleva al cielo, que hace que te vuelvas pequeñito y enorme en un segundo, que te hace caer al vacío de una sensación que te domina, ese amor que sólo sucede en los libros. Si yo te ocurriese solo un momento, ahora, aprenderías... descubrirías que en este mundo contaminado de mentiras y materialismo yo sigo siendo una mujer de otra época, que reservo impolutos los terrenos del sentimiento y te lo tengo reservado entero y sin límites. No sé amar de otra manera... Y tú, en realidad, tampoco quieres ser amado de otra.

Yesenia Pineda.
Quise escalar una montaña que era mía. La había creado tras años de arrojar a un valle los despojos del pasado. Delante de aquella inmensa mole, observando la ladera, descubrí que estaba plena de vida, que árboles, arbustos y flores la habían cubierto. Ví volar hermosos pájaros y correr a las ardillas. "He creado algo hermoso de las sobras con sólo dejarlo estar", pensé. Me adentré en el camino y, mientras me pinchaba con una zarza llena de jugosas moras, el trino de los pájaros me acompañaba. Me senté a reposar bajo la sombra de un árbol sin percatarme de que entre sus ramas habitaba un enjambre que amenazó con atacarme, así que tuve que huir hacia el riachuelo inmaculado y sumergirme en sus azules aguas para protegerme. Me regocijé en lo hermoso del brillo del sol al reflejarse en este espejo líquido a la vez que sentí a las pirañas mordisqueando mi piel. Escapé, huí, corriendo, mientras mi cuerpo entero chorreaba sangre, y seguí corriendo hasta llegar a un pequeño llano repleto de flores aromáticas. Dejé que la brisa perfumada me acariciara para aliviar la quemazón de las heridas y cerré los ojos... Por eso no vi acercarse al lobo que acudió presuroso, alentado por el olor de la sangre, a cazar a su presa. Su gruñido me sacó de mi ensimismamiento y volví a correr casi sin ver a donde me dirigía... Sin darme cuenta había llegado a la cima, había escalado mi montaña de hermosos desperdicios, y cuando mis pies ya no encontraron suelo firme caí al vacío y me estrellé contra el suelo, al otro lado de la montaña. Mientras mi cuerpo pasado fallecía ante mis ojos mi cuerpo presente dejó caer un par de lagrimas, miró con nostalgia a la montaña y descubrió que no cambiaría ni un sólo grano de arena, ni un sólo árbol, ni un sólo peligro de mi montaña. Y aún más... la adoraba tanto que aunque me costase la vida, mi montaña era mi sitio y allí quería estar, quería vivir en ella alimentándome de las moras que crecían en la zarza que me pinchaba y de la miel de ese enjambre que me atacaría, beber de ese río repleto de pirañas, dormir en ese prado cada día y morir en las fauces de aquel lobo hambriento. No me importa... Te adoro.

Yesenia Pineda.

domingo, 29 de septiembre de 2013

"Big Crush"

Hasta los hielos más firmes se derriten, hasta las aguas más profundas se evaporan. Llueve sobre mojado y los charcos, al fin, se secan. Todo acaba en la niebla de fugaces recuerdos y sinceras nostalgias, y quiero sin quererlas nuevas tormentas que empapen el suelo desierto. Reconozco lo que ocurre: se acerca el invierno y se acaba tu mundo. Mis ojos se cierran mientras caigo poco a poco en el vacío y la nada. Es tu mundo agonizante el motivo por el que el mío se llena de lágrimas. Donde te guardé con la dolorosa avaricia del amor ahora te atesoro y espero, con los ojos cerrados y el silencio en los labios, tu "Big Crush". Llueve, por favor...antes de que me seque y me vaya.

Yesenia Pineda.